viernes, 18 de marzo de 2011

IGNACIO MOLINA, LOS ESTANTES VACIOS

Los quince relatos que conforman Los estantes vacíos construyen su propio campo de exploración narrativa.
Primero, un registro: realista, pero de modo tal que la realidad de referencia es aquella a la que se accede desde el interior de los cuentos. Luego, un territorio, que son aquí la ciudad y sus suburbios, reconocibles y entendidos más como condición de posibilidad de sus habitantes que como laboratorio sociológico. Por último, un abordaje, un tono que Molina sabe moldear para guiar a sus obras hacia un punto donde el énfasis ya no está puesto sobre la trama, sino sobre las tensiones de un lenguaje puro y sus filtraciones.
El procedimiento de Ignacio Molina consiste en sorprender a los personajes de sus cuentos con una certera incisión sincrónica en el devenir de sus subjetividades y exhibir al lector las revelaciones emergentes. El resultado que se trasluce en Los estantes vacíos no es un conjunto de inalterables dioramas en suspenso, sino el fluir de una poética nacida de la cotidianidad.

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